La Dama Tapada y el Niño de la Pantalla

Enfoque

La desconexión digital (adicción al celular) y la importancia de estar presente en el mundo real.

La historia

Mateo era un niño de diez años que vivía en Guayaquil, pero bien podría decirse que vivía dentro de su celular. No importaba si estaba comiendo un bolón de verde o caminando por el Malecón 2000; sus ojos siempre estaban pegados a la pantalla, atrapados en videos de bailes, juegos infinitos y chats grupales. Sus padres le decían: «¡Mateo, mira qué lindo atardecer!», pero él solo respondía con un distraído «Ajá», sin levantar la vista.

Una noche, después de jugar en casa de su primo en el histórico barrio de Las Peñas, Mateo tuvo que caminar un par de cuadras hacia donde lo esperaban sus padres. La noche estaba fresca y las farolas de estilo colonial iluminaban los escalones de piedra, pero Mateo no veía nada de eso. Él iba cazando monstruos virtuales en su juego favorito.

De repente, un aroma dulce inundó el aire. Olía a nardos y violetas, como el perfume que usaba su abuelita en las fiestas, pero mucho más intenso.

—¿Qué será eso? —murmuró Mateo, sin dejar de mirar el mapa en su celular.

Delante de él, apenas a unos metros, apareció una figura elegante. Era una mujer vestida con un traje negro antiguo, de esos con falda larga y encajes, y llevaba una sombrilla pequeña aunque era de noche. Lo más curioso es que un velo oscuro cubría su cabeza y rostro. Caminaba con una gracia hipnotizante, flotando levemente sobre los adoquines.

—¡Wow! —pensó Mateo—. Debe ser una cosplayer o una influencer grabando un video para Halloween. ¡Tengo que tomarme una selfie con ella para ganar seguidores!

Mateo aceleró el paso. —¡Oiga, señora! ¡Espere! —gritó, levantando su teléfono para grabar.

La Dama no respondió, pero el aroma a flores se hizo más fuerte, casi mareante. Ella dobló una esquina hacia un callejón solitario y oscuro. El celular de Mateo comenzó a fallar; la pantalla parpadeaba y la batería bajó del 50% al 1% en un segundo.

—¡No, mi batería! —se quejó el niño, ignorando que se había alejado de la zona segura.

La mujer se detuvo al final del callejón. Estaba de espaldas. Mateo, pensando solo en su video viral, se acercó a tocarle el hombro.

—Disculpe, ¿me deja ver su disfraz? —preguntó Mateo.

La mujer giró lentamente. El olor a flores desapareció de golpe, reemplazado por un olor a humedad y olvido. Cuando ella levantó el velo, Mateo no vio el rostro de una influencer. Vio un rostro pálido, casi transparente, con ojos profundos como pozos vacíos que brillaban con una luz espectral. No era un cadáver terrorífico, sino un rostro de tristeza infinita, antiguo como el tiempo.

La Dama acercó su rostro al de Mateo y susurró con una voz que sonaba como el viento en las hojas secas:
—Miras tanto la luz falsa de tu mano, que te has olvidado de ver la luz de las estrellas… No te pierdas en el espejo negro, niño, o terminarás vacío como yo.

Mateo, del susto, dio un salto hacia atrás y el celular se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un fuerte ¡CRACK!.

Cerró los ojos y gritó. Cuando los abrió, la Dama había desaparecido. Solo quedaba el eco de sus pasos y una suave brisa del río Guayas.

Mateo corrió tan rápido como pudo hasta encontrar a sus padres. Esa noche, aunque le compraron un protector nuevo para su pantalla rota, Mateo no quiso usarlo. Prefirió sentarse en la ventana a mirar la luna sobre el río, dándose cuenta de que la vida real tenía gráficos mucho mejores que cualquier videojuego.

Reflexión para los niños

A veces, la tecnología nos atrapa tanto que nos comportamos como «zombies», caminando sin ver la magia que nos rodea. La leyenda de la Dama Tapada nos enseña que hay peligros en perderse del camino, pero en nuestra versión, el peligro real es perderse la vida misma por estar mirando una pantalla. ¡No dejes que el mundo pase frente a ti sin que lo notes! Levanta la mirada, huele las flores y disfruta de los colores reales de tu ciudad.

Adaptación realizada por:

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